El Castigador:

Diez pautas para Educar en Deporte sin Castigos.

Manuel Bilbao Cruz


Bueno, ahora que dispongo de un poco de tiempo publicamos un nuevo artículo en el blog sobre metodología. Espero que os guste.

¿Te has preguntado alguna vez qué tipo de entrenador o profesor eres? ¿Cómo gestionas los errores de tus jugadores?

Hay una gran diferencia entre ser un educador o un “castigador”.

  1. Educar supone arreglar y aprender de tus errores. Es instructivo y correctivo, centrado en el bienestar de la persona a largo plazo, apelando a la inteligencia emocional del individuo. Su objetivo es que nuestro alumno/jugador entienda qué comportamiento es aceptable, y qué no.
  2. Castigar es pagar por los errores. Su meta es inhibir un comportamiento que el adulto no quiere que se repita. Limitando esa conducta puede extinguirse, o generar una corriente de rechazo que consigue el efecto contrario, y, además, limitará su crecimiento. Alfonso Ladrón, señala que gritar al niño y reñirle es un premio para él, puesto que con ello logra captar toda nuestra atención que es, en definitiva, su mayor objetivo.

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Por todo ello, el jugador debe entender y experimentar que es libre de tomar sus propias decisiones, pero debe estar preparado para asumir las consecuencias de sus actos. “Las cosas que hacemos tienen consecuencias”.


 

 

 

 

 

Así pues, os propongo diez pautas que os pueden ayudar a enfrentar sus frustraciones y limitar comportamientos de una manera formativa:

  1. El objetivo de la disciplina es la autorregulación.

Debemos enseñar al alumno las habilidades para controlarse por si mismos. No se trata de entrenarlo como a un animal, con un sistema de estimulo-respuesta, sino desarrollar su carácter para evolucionar en atletas más autónomos.

  1. La mejor disciplina sucede antes de que haya un problema.

Percibir cuando un deportista necesita un coscorrón cariñoso para permanecer concentrado debe ser nuestra base. Entrar en conflicto con el deportista ante cada frustración será muy estresante para el entrenador, y el jugador fijará su frustración sobre nosotros, en vez de sobre su problema.

  1. Las cosas que hacemos tienen consecuencias.

Esto ayuda a los jugadores a aprender a hacerse responsables de sus actos. Por ejemplo, no estar preparado cuando te llaman para entrar al campo puede provocar que no entres.

  1. Tener pocos principios, pero muy claros e inamovibles. Respeto, responsabilidad, amabilidad, honestidad. Si eres capaz de inculcar eso a tu grupo tu necesidad de reglas será cero o cerca de cero.
  1. Resaltar lo positivo. Gritar y amenazar no funciona. Tus jugadores harán lo que te vean hacer.
  1. No puedes gustar siempre a todo el mundo, ciertas decisiones no van a gustar. Pero eso no significa que no te quieran. Hay que vivir con ello. Que no te condicione.
  1. Predica con el ejemplo. No puedes pretender exigir el cumplimiento de normas en el grupo, si eres el primero que no las cumple. Por ejemplo, exigir puntualidad cuando nosotros llegamos tarde nos resta credibilidad y respeto.
  1. No te tomes un mal comportamiento como algo personal. El mal comportamiento de un jugador no es hacia ti. El jugador frustrado sufre una tormenta emocional que el mismo jugador tiene que controlar desde dentro. Un mal comportamiento de un jugador es un camino de aprendizaje hacia cómo comportarse, no es nada personal hacia ti.
  1. El grupo debe participar de las normas que rigen el grupo. Implicar a nuestros deportistas en la creación de normas les ayuda a conocerlas y respetarlas, y también a conocer y asumir las consecuencias de sus actos. Además, la figura del capitán o capitanes del equipo debe3ste 2015-2 ser una herramienta que ayude a los jugadores a mantener las pautas que los jugadores y su entrenador han establecido.

 

 

 

  1. Tú eres el adulto. Recuérdalo. En una relación entrenador-atleta, profesor-alumno, tu eres el adulto. y tienes más poder. Y un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Actúa en consecuencia.

 

Addenda:

Para cada etapa del deportista o el alumno, puedes tomar diferentes estrategias de enseñanza. Una de las más formativas, es el aprendizaje en positivo. Buenas sensaciones llevan a la repetición de la conducta.

Así, los jugadores mayores de trece años son mucho mas independientes y autónomos. Los premios y castigos son efectivos, pero el diálogo y la negociación se hacen mucho más importantes y necesarios. Tienen argumentos, discuten, rebaten… Así se vuelve fundamental la negociación: habrá temas negociables y temas no negociables.

Es importante entender cómo se sienten y los cambios físicos y sociales por los que pasan. Hay que empatizar con ellos y no tener miedo a trasmitirles valores acerca de los temas de su interés. Así conseguiremos infundir algo de nuestra forma de ver la vida en esas terceras personas.

Por encima de todo hay que usar el sentido común, y pasar tiempo con ellos para conocerles mejor, empatizar, y conseguir acceder a sus modos de razonar para salvar el  “abismo generacional” que a veces se genera. No debemos ser para el jugador un marciano que habla un idioma extraño. Esto establecerá un lenguaje familiar que desvincule sus frustraciones y conductas personales hacia la figura del entrenador/profesor, mostrando que el verdadero responsable de sus limitaciones no se halla en nosotros, sino en ellos.

Como dice el viejo proverbio zen, y un buen amigo:

“El maestro solo aparece cuando el alumno está preparado”.

Y recordad, ellos no harán lo que les digas, harán lo que te vean hacer.

 

 

Y para la próxima entrada estamos dandole vueltas a la siguiente pregunta:

¿Cuál es la diferencia entre crear a un equipo de boy scouts, y un equipo con hambre de victoria a cualquier precio?

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Coming soon!